Nuesto sello de identidad: TINÁCULA.

TINÁCULA

Nuestros vinos, al igual que los del Imperio Romano, se elaboran en ánforas o tinajas. Qué mejor homenaje a los grandes precursores de la viticultura mundial que utilizar su lengua, el Latín para la marca de nuestros vinos. Y así, buceando en el origen de la palabra TINAJA en Castellano apareció nuestra marca: TINÁCULA (del Latín: Tinaja Pequeña).

La decoración de la bodega, además de la marca también es única, decenas de óleos pintados a mano por Josefina aparecen por todos los rincones de la misma, grandes obras de arte con motivos enológicos que fundidos con las tinajas y techos de madera dan las sensación al visitante de estar en una galería.

Parte de esos óleos están destinados a la decoración de algunas de las etiquetas y embalajes de nuestros vinos, aportando un carácter distintivo a cada una de las botellas, obras de arte por fuera y por dentro.

El Origen

Tinaja + pequeña, con eso empezó todo. En dos de dichas tinajas pequeñas, pertenecientes a la familia y con una antigüedad de unos 300 años apareció nuestro logotipo, la marca hecha por el alfarero para evitar confundir las tinajas con otras de otros de su mismo gremio. En dichas tinajas empezamos a moldear nuestros vinos naturales unos 50 años después de la última elaboración por parte de nuestro bisabuelo.

La primera elaboración se realizó en el año 2015 en el garaje de casa, fueron apenas 100 litros de nuestra parcela estrella ubicada en el paraje de “El Santillo” vendimiadas y pisado a mano y fermentado en una tinaja de barro de las dos que poseía nuestra familia. El vino encantó a todos nuestros amigos, familiares y catadores por lo que se prendió la mecha de honrar a nuestra familia y recuperar la tradición de elaborar vinos naturales.

Vinos Artesanos

Hasta los años 50, todas las bodegas de la zona centro de España estaban construidas con Tinajas o ánforas de barro cocido. Desgraciadamente, con la aparición de nuevos materiales todas desaparecieron y hoy en día todas están en desuso o han sido destruidas.

En las calzadas hemos querido recuperar ese modo artesanal y casero de elaborar vinos, evitando la adición de productos artificiales a nuestra uva, tanto en el campo como en la bodega, con el fin de encontrar un vino que transmita esos aromas y sabores olvidados.

Todas las uvas proceden de los viñedos viejos de la familia que nosotros mismos cultivamos para ofrecer un producto en que se controla todo el proceso: desde la viña, hasta la mesa. La producción es limitada, no superando nunca las 15.000 botellas anuales con el fin de mantener la calidad en todos los productos.

Testimonios

Una jornada estupenda, disfrutando del entorno y de las traciciones, una familia encantadora, para repetir pero con los niños. Lo recomiendo!.

José Tomás Navarro

Excelente vino y muy curiosa la elaboración, la desconocia por completo, la comida genial y el trato inmejorable. Volvemos seguro.

Marta del Rey Monasor

Nunca havia visto un cuco, no sabia ni lo que era; degustar un vino de este tipo con esta historia en un sitio así hace que te sientas diferente.

Patricio Lopez de Dios

Nos desviamos de la autovia y a 2 minutos nos lo encontramos. Decidimos hacer una cata y la experiencia fue genial, gente humilde y trabajadora.

Ivan Arturo Gomez